One Book, One Chicago Primavera 2009
Entrevista con Sandra Cisneros
Hace 25 años que se publicó por primera vez La Casa en Mango Street. Cuéntanos acerca de tu trabajo o tu estilo al escribir, ¿qué ha cambiado a lo largo de los años, y qué ha permanecido sin cambio?
Creo que mi trabajo sigue teniendo una voz distintiva que sigue siendo sólo mía – y esta voz es la de una persona que habla español e inglés. Con esto quiero decir que escribo con la sintaxis y la sensibilidad del español, incluso cuando no haya una sola sílaba escrita en ese idioma. El español está impregnado en la forma en que percibo el mundo y en el cómo construyo las oraciones y las historias. No estaba tan consciente de esto cuando escribí House, pero lo estoy ahora. ¿Qué es lo que no ha cambiado? Bueno, sigo sintiéndome maravillada por el mundo y siendo tan intuitiva y tonta como siempre, pero estoy consciente de que esto es algo bueno. Ya no me siento avergonzada por esto como cuando era más joven. Creo que la diferencia es que ahora me conozco a mí misma y que lo que escribo ahora tiene un toque más sabio, y, espero, también que más complejo.
¿Sigue tu niñez influenciando tu manera de escribir? y ¿cuál es la influencia que ha tenido sobre ti tu familia?
Creo que entre más nos separamos de la historia podemos verla más claramente, y entre más vieja me vuelvo percibo con más claridad las historias de mi juventud. Constantemente me veo influenciada por las cosas que oigo o lo que me dicen, pero esto no siempre viene de mi familia. La mayoría de las veces la familia es quien más renuente se muestra a decirme las cosas y es por eso que tengo que inventar tanto y tanto cuando se trata de mis historias familiares. La información ahí es muy poco precisa. Probablemente esto pasa porque vivíamos muy cerca uno del otro, y he encontrado que entre más cerca vives con alguien, más distancia tienes que crear para tener privacidad. Aunque probablemente sólo es mi familia que no habla conmigo acerca de su vida interior… especialmente luego de que me hice escritora.
En La Casa en Mango Street retratas maravillosamente a Esperanza, quien es una niñita que está descubriendo su identidad. ¿Crees que este viaje de autodescubrimiento es más complicado para una niña latina? y ¿cómo piensas que la historia de Esperanza sería diferente si estuviera creciendo hoy en día?
Creo que es difícil para cualquier mujer en cualquier lugar, independientemente de su raza, porque el mundo es muy patriarcal; y especialmente ahora que los Talibanes Cristianos están dominando a las mujeres y sus vidas por un lado, y por el otro los medios las están llevando al extremo más opuesto. Es difícil para las mujeres saber qué es lo que quieren cuando nunca se les ha pedido su opinión y mientras están siendo controladas por la iglesia, el estado y el consumismo. Añádele a eso que las mujeres han sido colonizadas y no conocen su historia, aunque, de alguna manera, todas las mujeres están colonizadas, ¿no lo crees?
Es difícil para las mujeres tener acceso a su identidad cuando ni siquiera se les concede acceso a la información sobre sus propios cuerpos, controlar su fertilidad – la iglesia y el estado dictan las opciones que deberían tomar ellas mismas. Yo tuve que explorar y escarbar para saber más acerca de mí misma como mujer y como latina. De muchas maneras resulta más sencillo debido al acceso al Internet, aunque por otro lado es más complicado porque las mujeres ni siquiera saben que no tienen el control de sus vidas.
Por lo menos cuando yo era una mujercita teníamos al movimiento feminista – hoy en día muchas mujeres no saben lo que es el feminismo, y creen que cosas como “Girls Gone Wild” equivalen a ser liberadas. Eso es muy triste. Por otro lado, he conocido a muchas mujeres jóvenes muy inteligentes, y eso resulta alentador. Hay muchas chicas con conciencia política, curiosidad intelectual e independencia, que no se creen ese modelo al estilo de Paris Hilton, por lo que creo que aún hay esperanzas.
¿Qué sientes al saber que este libro se usa tanto en las escuelas en el país?
No me lo tomo como algo personal – no es algo que tenga que ver conmigo o con mi libro. El libro se usa en las escuelas porque cuenta una historia que tiene resonancia espiritual en este momento histórico. Está llenando una necesidad, está sanando heridas, transmitiendo luz, pero únicamente es el vehículo para que esa luz se transmita, no la fuente. Me siento contenta al saber que el momento es propicio para que mi labor se reconozca, y que los lectores ahora están listos para escuchar esta historia. Me siento afortunada y bendecida por ser, en un sentido figurado, la flauta, aunque reconozco y admito que no soy la música.



